Efectivamente, nos encontramos ante un ejemplo más del clásico problema del huevo y la gallina, aunque en el caso de la relación de la sociedad con la ciencia parece que hemos encontrado una respuesta gracias al proyecto PICA (Percepción, Interés, Conocimiento y Acciones). En 2017 pusimos en marcha la segunda fase del proyecto, centrado en estudiar la relación entre cuatro elementos de la imagen de la ciencia: la percepción, el interés, el conocimiento y el desarrollo de acciones que implican ‘practicar’ la ciencia. Tras analizar los resultados obtenidos, hemos encontrado varias cuestiones interesantes. Una de ellas tiene que ver con la relación entre el interés por la ciencia y el conocimiento.

El interés es un elemento que suele estar siempre presente en las encuestas de percepción pública de la ciencia. Sin embargo, no está claro qué significa realmente que alguien manifieste estar muy, algo, poco o nada interesado por la ciencia. Por otro lado, es importante tratar de establecer si es el interés por la ciencia el que lleva a la persona a saber más sobre ciencia, o si son las personas más familiarizadas con la ciencia las que sienten más interés porque, en este caso, el orden de los factores sí altera el producto.

Y es que, en 1989, Durant, Evans y Thomas publicaron en la revista ‘Nature’ un artículo clave en el campo de los estudios de comprensión pública de la ciencia (de hecho, ese es el título del artículo). En él parten del supuesto de que hace falta interés para querer conocer y para llegar a tener actitudes y, por tanto, consideran que el interés es el factor desencadenante de la comprensión de la ciencia. Aunque encontraron que las personas encuestadas tenían interés por la ciencia pero poco conocimiento del tema, la mayor parte de los esfuerzos realizados desde entonces para acercar la ciencia a la sociedad han seguido poniendo el foco en fomentar el interés de la población por la ciencia y la tecnología. Sin embargo, algo estaremos haciendo mal cuando observamos que el aumento en las cifras de interés a lo largo de los años va acompañado de un resultado preocupante: la ciudadanía tiende a asociar la ciencia con el ocio y el cine, posteriormente con cuestiones más relacionadas con la actualidad, como la política, y solo en última instancia se vincula con la educación, que debería ser su aliado natural.

Al analizar los datos obtenidos en el desarrollo de la segunda fase del proyecto Pica, hemos encontrado que el conocimiento contribuye a explicar el interés por la ciencia y no a la inversa, tanto en una muestra sesgada, compuesta por personas muy interesadas por la ciencia y conocedoras del tema, como en una muestra representativa de la población general a partir de los datos de la edición de 2016 de la Encuesta de Percepción Social de la Ciencia realizada por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), aunque es evidente también que interés y conocimiento se refuerzan mutuamente. Creemos que este es uno de los hallazgos destacables del proyecto Pica, pues los resultados obtenidos estarían contribuyendo a poner al conocimiento en el lugar que se merece como factor que contribuye a definir de manera central la imagen de la ciencia de la población.

Ana Muñoz van den Eynde Unidad de Investigación en Cultura Científica (CIEMAT)

Esta sección se realiza en colaboración con el Observatorio de la Ciencia Ciudadana en España, coordinado por la Fundación Ibercivis. Ir al suplemento Tercer Milenio.