La primera clase de Termodinámica de 2º de Físicas, hace ya un tiempo, comenzó por establecer una serie de definiciones para dejar algunas cosas bien claritas desde el primer día. A partir de ese momento, cuando dijéramos ‘sistema’ nos estaríamos refiriendo a algo muy concreto aunque, a la vez, el término pueda referirse a entidades verdaderamente diversas. Algunos ejemplos de sistemas termodinámicos serían: un motor de combustión, una célula, una estrella o una bombona de oxígeno. La definición de sistema según la ‘Termo’ (como decíamos) es sencilla, al menos aparentemente: una porción del universo que se separa del resto para su estudio. A ese resto del universo le llamaríamos ‘alrededores del sistema’ y para referirnos a los límites o fronteras del sistema utilizaríamos el término ‘paredes’. Las paredes, por otro lado, podrían ser …

 

Pero antes de continuar con la introducción metafórica de este artículo, voy a indicar claramente cuál es la pequeña reflexión que propongo en el contexto de la ciencia ciudadana. Me pregunto si la expresión ‘ciencia y sociedad’ y afirmaciones del estilo ‘acortar la brecha entre ciencia y sociedad’ podrían quizá sugerir lo contrario de lo que esta última propone. Soy muy consciente de que hablar tanto de ‘ciencia’ como de ‘sociedad’ es hablar de conceptos enormes y con distintas acepciones, que exigirían detenernos largamente, y que dan lugar, cada uno de ellos, a enteras disciplinas de estudio como la filosofía de la ciencia y la sociología. Aun con todo, propongo la reflexión sobre la expresión ‘la ciencia y el conjunto de la sociedad’ para hacer énfasis en la idea de que la ciencia forma parte de las actividades humanas que caracterizan (en mayor o menor grado) eso que solemos llamar sociedad, de modo que no cabe hablar del ‘sistema ciencia’ y del ‘sistema sociedad’ como si el primer sistema no fuera parte del segundo.   

 

Hay razones, desde luego – históricas como mínimo – para utilizar y promover conceptos como ‘ciencia por y para la sociedad’ o ‘ciencia con y para la sociedad’, pues es muy cierto que durante décadas ha habido un aislamiento real y casi total del ‘sistema científico’ respecto del resto de la sociedad. Pero, como se ve, he escrito ‘resto de la sociedad’ haciendo hincapié en que la ciencia es parte importantísima de las sociedades humanas, y que hoy sólo cabe hablar ‘de ella’ separada de su entorno para tratarla como objeto de estudio.  

 

Para sacar partido de la metáfora inicial indicaré muy brevemente que las paredes de un sistema termodinámico pueden clasificarse según permitan o no intercambiar con su entorno materia, calor o trabajo. En el primer caso – si es posible o no intercambiar materia – hablamos de paredes permeables o bien impermeables; en el segundo caso podríamos decir paredes aislantes térmicamente o bien no aislantes y, en el último caso, hablaríamos de paredes flexibles o bien rígidas. Pues bien, las paredes de un sistema vivo siempre permiten intercambios con su entorno. Es por eso que me gusta hablar de ‘la ciencia y sus alrededores’, entendiendo que las paredes del ‘sistema ciencia’ no son  – o no deberían ser si queremos que subsista – ni aislantes ni rígidas ni impermeables, sino que deben hacer posible el intercambio de flujos entre esa porción del universo (aislada para su estudio) y sus alrededores.

 

Pienso que la ciencia ciudadana – al implicar un hacer la ciencia dentro y fuera de las instituciones – pone de manifiesto que el ‘sistema ciencia’ es muy parecido a un sistema vivo, interconectado con su entorno, dando y recibiendo de sus alrededores junto con los que forma parte de un mismo universo. Pienso entonces que la ciencia ciudadana nos ayuda a entender mejor qué es la ciencia y qué es la sociedad. Y, simétricamente, que la reflexión sobre estos conceptos nos puede también servir para desarrollar nuestras capacidades como individuos-miembros de la sociedad, entre ellas nuestra capacidad científica. Bienvenida sea toda reflexión y bienvenida sea la ciencia ciudadana.    

Autora: Maite Pelacho

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