Para comprobar si la lengua materna, el idioma en que habitualmente nos manejamos, determina o modula cómo funciona nuestra memoria operativa, te proponemos el siguiente experimento que presenta cuatro secuencias. Trata de memorizarlas de una en una. De modo que tras procesar la primera, dejes transcurrir un minuto antes de intentar reproducirla en un papel. Repite el proceso con cada una de las otras tres.

​La memoria operativa -también denominada de trabajo- es la memoria que nos capacita para almacenar y manipular una cierta cantidad de información durante un tiempo limitado. Se estima que, en promedio, es capaz de retener 7 datos durante 1 minuto, antes de eliminarla para renovar su contenido. Suficiente para permitirnos trabajar de forma constante con la nueva información que recibimos de forma continua. Es, por tanto, una herramienta fundamental en nuestro día a día.

Por otro lado, las lenguas o idiomas se clasifican en dos grandes grupos atendiendo a su direccionalidad. Así, idiomas como el español, el italiano y en general casi todas las lenguas de occidente se caracterizan por transmitir la información “de izquierda a derecha”, en el sentido de que primero presentan al sujeto, luego la acción y finalmente los complementos o modificadores, esto es la información adicional y más variable (“nuestro protagonista viajó en tren una madrugada de invierno hacia el norte llevando una maleta”). Por lo que los bits de nueva información se acumulan en la parte final -la derecha-. Por el contrario, lenguas como el japonés o el coreano operan de derecha a izquierda ; en el sentido de que primero anteponen los complementos o modificadores al sujeto.

Y aquí llega lo interesante: un reciente estudio del Max Planck Institute de Antropología Evolutiva propone que la direccionalidad de nuestra lengua materna crea hábitos y pautas, en definitiva, modula o programa la forma en que nuestra memoria operativa recuerda la información.

¿Cómo? Pues, según las conclusiones de dicho estudio, los nativos de lenguas de izquierda a derecha retienen y recuerdan mejor la información, los datos, localizados al final de la secuencia. En tanto que los nativos de lenguas orientadas a la izquierda retienen mejor los iniciales. Consecuencia de dónde se localizan los complementos (los factores mas variables) en el lenguaje en uno y otro caso. Y no solo eso, sino que estas pautas de procesamiento no se limitan a las palabras, a la información verbal, sino que también se verifican sea cual sea la naturaleza de la información: ya sea una colección de palabras, números o de estímulos ‘visuales’.

De confirmarse -y de confirmarlo tú a través del experimento propuesto-, ya sabes qué has de hacer a partir de ahora cuando quieras recordar una información: lo más importante, al final de la lista o colección de datos… si eres, claro está, un diestroparlante .

Esta sección se realiza en colaboración con el Observatorio de la Ciencia Ciudadana en España, coordinado por la Fundación Ibercivis

 

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