Guillermo Díaz-Herrero

Entrevista a Guillermo Díaz-Herrero


El Centro Extremeño de Tecnologías Avanzadas (CETA) es un centro dedicado a la I+D en el ámbito de las Ciencias de la Computación, y también a la operación y máximo aprovechamiento de las infraestructuras de computación científica de las que está dotado. El CETA se encuentra ubicado en Trujillo (Cáceres) y es uno de los centros territoriales del CIEMAT, un organismo público de investigación adscrito al Ministerio de Economía y Competitividad. Asimismo, CETA forma parte de redes internacionales de computación científica como son IBERGRID (España y Portugal), la EGI Federated Cloud (Europa) y SCALAC (América Latina), entre otras. La misión del CETA es poner sus capacidades, conocimientos y recursos a disposición de investigadores, sectores productivos y comunidades científicas con las que colabora, para impulsar el desarrollo de programas de investigación, desarrollo tecnológico e innovación que repercutan en beneficio de la ciencia, la industria o de la sociedad en general. Entre sus objetivos fundacionales se encuentra el de participar y promover actividades de divulgación y fomento de la cultura científica. Por un lado, su actividad del Planetario CETA-CIEMAT para la divulgación científica (en colaboración con el Ayuntamiento de Trujillo) y, por otro lado, la colaboración con la Fundación Ibercivis, con la que trabaja activamente desde el año 2008, aportando recursos computacionales de apoyo a proyectos de Computación Voluntaria y, más recientemente, en el fomento y divulgación de la Ciencia Ciudadana.


Como centro facilitador de infraestructuras y de recursos computacionales de apoyo a la I+D, nuestra experiencia hasta el momento ha estado más cercana del lado de los grupos de investigación que el de los ciudadanos o escolares participantes en experiencias de CC. Existe por lo general un desconocimiento entre los grupos de investigación con los que trabajamos al respecto del concepto de CC, y por tanto resulta imprescindible en todo acercamiento abordar una labor previa de difusión del propio concepto de CC. Sólo de esta forma pueden los investigadores valorar el verdadero potencial que les puede brindar el paradigma de la CC, especialmente en términos de captación y procesado de grandes volúmenes de información, pero también en términos de impacto y visibilidad ante la comunidad científica y la sociedad en general. En muchos casos ocurre que los grupos que requieren para sus investigaciones el procesado de grandes volúmenes de información suelen tener resueltas sus necesidades, al ya disponer de acceso a todo tipo de infraestructuras para la computación científica, y a repositorios abiertos a través de los cuales pueden compartir datos y resultados con la comunidad científica a la que pertenecen. Estos investigadores suelen ser reticentes a la adaptación de sus trabajos al enfoque de la CC, bien porque la propia naturaleza de dichos trabajos no encajan en escenarios no controlados de participación ciudadana, bien porque aunque así fuera no disponen del conocimiento ni de los recursos necesarios para poner en práctica dicha adaptación. El apoyo de grupos de especializados en materia de CC, como por ejemplo la Fundación Ibercivis, resultan por tanto fundamentales para catalizar la implicación de los investigadores en el desarrollo de proyectos con los que explotar el potencial de la CC, así como en la producción de experiencias y contenidos que resulten atractivos para su distribución en centros escolares, universidades y otros organismos de investigación. Igualmente, la divulgación de experiencias reales y la existencia de cada vez más casos de éxito de CC, nos hace pensar que cada vez más investigadores se animarán a dar el salto y considerar la CC como una herramienta al menos tan poderosa, si no más, que cualquiera de las otras prácticas o infraestructuras que, en cualquier caso y de manera no excluyente, seguirán estando a su alcance.


Hasta el momento nuestra experiencia ha girado fundamentalmente entorno a la interacción con investigadores que trabajan en áreas de conocimiento ciertamente complejas (ciencias de la vida, ciencias de la tierra, medioambiente, medicina, etc.), y que además están acostumbrados a la explotación de complejas y sofisticadas infraestructuras de computación científica. El paradigma de CC puede desde luego, o al menos así creemos, aplicarse a prácticamente cualquier área de conocimiento, incluyendo aquellos más básicos y posiblemente más cercanos a la ciudadanía o público escolar, como pueden ser las ciencias naturales, las matemáticas o incluso de las humanidades y las ciencias sociales. Independientemente del área de conocimiento que se desee abordar, creemos eso sí imprescindible extrapolar la labor de divulgación del propio concepto de CC a todos los agentes implicados en este paradigma: investigadores, profesores de universidad, personal docente en colegios e institutos, administraciones gubernamentales con competencias en educación y cultura, y sin olvidar por supuesto el público objetivo que vaya a participar en un determinado proyecto de CC.


Contenidos atractivos, entretenidos y que sepan sacar partido de las facetas que ofrecen internet, dispositivos móviles y tabletas. No necesariamente tienen porqué tratarse temas de actualidad, pero sí deben resultar fáciles de entender y asimilables por parte del público objetivo. Los proyectos de CC deben invitar a salir fuera del aula e interactuar con la naturaleza o el objeto de estudio del proyecto, así como fomentar la participación e interacción con otros participantes y voluntarios del proyecto.


La principal barrera posiblemente sea el desconocimiento por parte del público objetivo de qué es la CC, y de experiencias reales de CC que hayan resultado exitosas en otros colegios o localidades. Para que de alguna manera se pueda conseguir la máxima contribución de la gente a proyecto de CC, resulta imprescindible contar con la implicación y el apoyo de las instituciones más cercanas al éstos, ya sean colegios, ayuntamientos, fundaciones o asociaciones municipales, por ejemplo.


Puede echarse en falta un mayor reconocimiento por parte de las autoridades autonómicas del gran potencial que presenta la CC. La existencia de ayudas específicas a nivel regional facilitaría la proliferación de experiencias piloto de CC cuanto menos en centros escolares.


La CC puede en ciertos ámbitos de investigación constituirse como una herramienta esencial para recabar grandes volúmenes de datos y/o alcanzar resultados científicos difíciles de conseguir por otros medios. Pero no menos interesante es otro enfoque que ofrece la CC, en el que puede no importar tanto el valor científico de los datos recolectados sino la propia implicación e interactuación voluntaria del público objetivo, por ejemplo en campañas que busquen crear una concienciación ciudadana en torno a temas de relevancia social, económica o medioambiental. Tanto desde uno u otro enfoque, la CC se erige como un instrumento magnífico para estimular el interés de las personas por la ciencia y el porqué de las cosas, la naturaleza y del mundo que nos rodea.


Una peculiaridad a tener presente es que en España no existe un único sistema educativo sino varios. Esto si bien puede propiciar un desigual ritmo de implantación de la CC en las distintas comunidades autónomas, enriquece al mismo tiempo la diversidad de proyectos de CC que estén dirigidos a atender las inquietudes, temáticas e intereses educativos particulares de cada territorio.


La financiación de la ciencia, y de la I+D en general, se ha visto reducida durante los últimos años de forma significativa, por lo que el acceso a dicha financiación por parte de los investigadores resulta cada vez más complicado y competitivo. Esto supone en efecto una dificultad a la hora de conseguir financiación de los planes estatales y regionales de apoyo a la ciencia y a la I+D para el desarrollo y divulgación de proyectos de CC. Afortunadamente, existen algunas ayudas públicas como las dirigidas al fomento de la cultura científica que ofrecen algunas fundaciones, como por ejemplo la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT).


Pero la CC no sólo consiste en “hacer ciencia” sino también en “educar” y, en este sentido, se posiciona igualmente en el ámbito de la Educación, máxime si tenemos en cuenta que resulta imprescindible la implicación directa de profesores y centros escolares en el desarrollo de buena parte de los proyectos de CC existentes, y también de los que aún están por llegar. Dada la relevancia incuestionable de la Educación en el estado del bienestar y la necesidad acuciante por parte de la sociedad de despertar entre los más jóvenes nuevas vocaciones científicas, investigadores y profesores deberían poder optar a ayudas específicas de ámbito regional destinadas al fomento de la CC, como práctica habitual en centros escolares y universidades, y que al mismo tiempo sirvan para que desde centros universitarios y de investigación se produzcan nuevos contenidos y experiencias basadas en CC.


Durante la última década han descendido en un 25% las matrículas en carreras universitarias de Ciencia e Ingeniería. Para la próxima década la CC se enfrenta al importante reto social de lograr revertir esta tendencia, contribuyendo a despertar nuevas vocaciones científicas, especialmente entre los más jóvenes, y garantizar de este modo el relevo generacional de los investigadores, científicos e ingenieros que seguirá demandando nuestra sociedad en un futuro no tan lejano.


En general todos aquellos utilizan el juego on-line o smart apps. Creemos que este es el más efectivo, y también más atractivo, para segmentar y llegar al público objetivo de cualquier proyecto de CC. Como ejemplo de juego on-line que permite recabar datos esenciales para llevar a cabo una investigación y que además sería difícil obtenerlos de cualquier otra manera, puede ponerse el bautizado como “La aventura del héroe marino”. Este juego, producido por una compañía alemana, permite recoger datos para avanzar en la investigación del Alzheimer y la demencia, al límite de que 100.000 jugadores podrían generar en dos minutos datos que precisarían más de 50 años de investigación. Existen otras muchas iniciativas de CC que además de interesantes resultan adecuadas para la participación de alumnos escolares (universitarios incluso) o que sirven de apoyo al aprendizaje en distintos ámbitos de la ciencia. Como ejemplo encontramos: “Virtual Atom Smasher”, juego on-line producido por el CERN, con el que puede aprenderse física de partículas al mismo tiempo que se contribuye a la investigación; “Aqua”, desarrollada por la Fundación Ibercivis, permite establecer un mapa indicativo de la concentración de cloro en el agua de consumo humano en las ciudades; o también “Riu.net”, aplicación desarrollada por la Universidad de Barcelona que invita a explorar la naturaleza, al mismo tiempo que se contribuye a evaluar la calidad ecológica de los ríos.


La CC debería convertirse en una práctica conocida y habitual en colegios e institutos, incluyéndose en la planificación del curso escolar como un tipo de actividad para realizar y como refuerzo para el aprendizaje de asignaturas como ciencias naturales, física, química o matemáticas, entre otras posibles. También podrán surgir campañas de CC destinadas a fomentar la concienciación ciudadana en público de todas las edades y asuntos de trascendencia social o económica, como pudiera ser la protección del medioambiente, la eficiencia energética, el cambio climático y/o el cuidado de la salud, por poner algunos ejemplos.

  • : El Centro Extremeño de Tecnologías Avanzadas (CETA) es un centro dedicado a la I+D en el ámbito de las Ciencias de la Computación, y también a la operación y máximo aprovechamiento de las infraestructuras de computación científica de las que está dotado. El CETA se encuentra ubicado en Trujillo (Cáceres) y es uno de los centros territoriales del CIEMAT, un organismo público de investigación adscrito al Ministerio de Economía y Competitividad. Asimismo, CETA forma parte de redes internacionales de computación científica como son IBERGRID (España y Portugal), la EGI Federated Cloud (Europa) y SCALAC (América Latina), entre otras. La misión del CETA es poner sus capacidades, conocimientos y recursos a disposición de investigadores, sectores productivos y comunidades científicas con las que colabora, para impulsar el desarrollo de programas de investigación, desarrollo tecnológico e innovación que repercutan en beneficio de la ciencia, la industria o de la sociedad en general. Entre sus objetivos fundacionales se encuentra el de participar y promover actividades de divulgación y fomento de la cultura científica. Por un lado, su actividad del Planetario CETA-CIEMAT para la divulgación científica (en colaboración con el Ayuntamiento de Trujillo) y, por otro lado, la colaboración con la Fundación Ibercivis, con la que trabaja activamente desde el año 2008, aportando recursos computacionales de apoyo a proyectos de Computación Voluntaria y, más recientemente, en el fomento y divulgación de la Ciencia Ciudadana.
  • : Como centro facilitador de infraestructuras y de recursos computacionales de apoyo a la I+D, nuestra experiencia hasta el momento ha estado más cercana del lado de los grupos de investigación que el de los ciudadanos o escolares participantes en experiencias de CC. Existe por lo general un desconocimiento entre los grupos de investigación con los que trabajamos al respecto del concepto de CC, y por tanto resulta imprescindible en todo acercamiento abordar una labor previa de difusión del propio concepto de CC. Sólo de esta forma pueden los investigadores valorar el verdadero potencial que les puede brindar el paradigma de la CC, especialmente en términos de captación y procesado de grandes volúmenes de información, pero también en términos de impacto y visibilidad ante la comunidad científica y la sociedad en general. En muchos casos ocurre que los grupos que requieren para sus investigaciones el procesado de grandes volúmenes de información suelen tener resueltas sus necesidades, al ya disponer de acceso a todo tipo de infraestructuras para la computación científica, y a repositorios abiertos a través de los cuales pueden compartir datos y resultados con la comunidad científica a la que pertenecen. Estos investigadores suelen ser reticentes a la adaptación de sus trabajos al enfoque de la CC, bien porque la propia naturaleza de dichos trabajos no encajan en escenarios no controlados de participación ciudadana, bien porque aunque así fuera no disponen del conocimiento ni de los recursos necesarios para poner en práctica dicha adaptación. El apoyo de grupos de especializados en materia de CC, como por ejemplo la Fundación Ibercivis, resultan por tanto fundamentales para catalizar la implicación de los investigadores en el desarrollo de proyectos con los que explotar el potencial de la CC, así como en la producción de experiencias y contenidos que resulten atractivos para su distribución en centros escolares, universidades y otros organismos de investigación. Igualmente, la divulgación de experiencias reales y la existencia de cada vez más casos de éxito de CC, nos hace pensar que cada vez más investigadores se animarán a dar el salto y considerar la CC como una herramienta al menos tan poderosa, si no más, que cualquiera de las otras prácticas o infraestructuras que, en cualquier caso y de manera no excluyente, seguirán estando a su alcance.
  • : Hasta el momento nuestra experiencia ha girado fundamentalmente entorno a la interacción con investigadores que trabajan en áreas de conocimiento ciertamente complejas (ciencias de la vida, ciencias de la tierra, medioambiente, medicina, etc.), y que además están acostumbrados a la explotación de complejas y sofisticadas infraestructuras de computación científica. El paradigma de CC puede desde luego, o al menos así creemos, aplicarse a prácticamente cualquier área de conocimiento, incluyendo aquellos más básicos y posiblemente más cercanos a la ciudadanía o público escolar, como pueden ser las ciencias naturales, las matemáticas o incluso de las humanidades y las ciencias sociales. Independientemente del área de conocimiento que se desee abordar, creemos eso sí imprescindible extrapolar la labor de divulgación del propio concepto de CC a todos los agentes implicados en este paradigma: investigadores, profesores de universidad, personal docente en colegios e institutos, administraciones gubernamentales con competencias en educación y cultura, y sin olvidar por supuesto el público objetivo que vaya a participar en un determinado proyecto de CC.
  • : Contenidos atractivos, entretenidos y que sepan sacar partido de las facetas que ofrecen internet, dispositivos móviles y tabletas. No necesariamente tienen porqué tratarse temas de actualidad, pero sí deben resultar fáciles de entender y asimilables por parte del público objetivo. Los proyectos de CC deben invitar a salir fuera del aula e interactuar con la naturaleza o el objeto de estudio del proyecto, así como fomentar la participación e interacción con otros participantes y voluntarios del proyecto.
  • : La principal barrera posiblemente sea el desconocimiento por parte del público objetivo de qué es la CC, y de experiencias reales de CC que hayan resultado exitosas en otros colegios o localidades. Para que de alguna manera se pueda conseguir la máxima contribución de la gente a proyecto de CC, resulta imprescindible contar con la implicación y el apoyo de las instituciones más cercanas al éstos, ya sean colegios, ayuntamientos, fundaciones o asociaciones municipales, por ejemplo.
  • : Puede echarse en falta un mayor reconocimiento por parte de las autoridades autonómicas del gran potencial que presenta la CC. La existencia de ayudas específicas a nivel regional facilitaría la proliferación de experiencias piloto de CC cuanto menos en centros escolares.
  • : La CC puede en ciertos ámbitos de investigación constituirse como una herramienta esencial para recabar grandes volúmenes de datos y/o alcanzar resultados científicos difíciles de conseguir por otros medios. Pero no menos interesante es otro enfoque que ofrece la CC, en el que puede no importar tanto el valor científico de los datos recolectados sino la propia implicación e interactuación voluntaria del público objetivo, por ejemplo en campañas que busquen crear una concienciación ciudadana en torno a temas de relevancia social, económica o medioambiental. Tanto desde uno u otro enfoque, la CC se erige como un instrumento magnífico para estimular el interés de las personas por la ciencia y el porqué de las cosas, la naturaleza y del mundo que nos rodea.
  • : Una peculiaridad a tener presente es que en España no existe un único sistema educativo sino varios. Esto si bien puede propiciar un desigual ritmo de implantación de la CC en las distintas comunidades autónomas, enriquece al mismo tiempo la diversidad de proyectos de CC que estén dirigidos a atender las inquietudes, temáticas e intereses educativos particulares de cada territorio.
  • : La financiación de la ciencia, y de la I+D en general, se ha visto reducida durante los últimos años de forma significativa, por lo que el acceso a dicha financiación por parte de los investigadores resulta cada vez más complicado y competitivo. Esto supone en efecto una dificultad a la hora de conseguir financiación de los planes estatales y regionales de apoyo a la ciencia y a la I+D para el desarrollo y divulgación de proyectos de CC. Afortunadamente, existen algunas ayudas públicas como las dirigidas al fomento de la cultura científica que ofrecen algunas fundaciones, como por ejemplo la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT).
  • : Pero la CC no sólo consiste en “hacer ciencia” sino también en “educar” y, en este sentido, se posiciona igualmente en el ámbito de la Educación, máxime si tenemos en cuenta que resulta imprescindible la implicación directa de profesores y centros escolares en el desarrollo de buena parte de los proyectos de CC existentes, y también de los que aún están por llegar. Dada la relevancia incuestionable de la Educación en el estado del bienestar y la necesidad acuciante por parte de la sociedad de despertar entre los más jóvenes nuevas vocaciones científicas, investigadores y profesores deberían poder optar a ayudas específicas de ámbito regional destinadas al fomento de la CC, como práctica habitual en centros escolares y universidades, y que al mismo tiempo sirvan para que desde centros universitarios y de investigación se produzcan nuevos contenidos y experiencias basadas en CC.
  • : Durante la última década han descendido en un 25% las matrículas en carreras universitarias de Ciencia e Ingeniería. Para la próxima década la CC se enfrenta al importante reto social de lograr revertir esta tendencia, contribuyendo a despertar nuevas vocaciones científicas, especialmente entre los más jóvenes, y garantizar de este modo el relevo generacional de los investigadores, científicos e ingenieros que seguirá demandando nuestra sociedad en un futuro no tan lejano.
  • : En general todos aquellos utilizan el juego on-line o smart apps. Creemos que este es el más efectivo, y también más atractivo, para segmentar y llegar al público objetivo de cualquier proyecto de CC. Como ejemplo de juego on-line que permite recabar datos esenciales para llevar a cabo una investigación y que además sería difícil obtenerlos de cualquier otra manera, puede ponerse el bautizado como “La aventura del héroe marino”. Este juego, producido por una compañía alemana, permite recoger datos para avanzar en la investigación del Alzheimer y la demencia, al límite de que 100.000 jugadores podrían generar en dos minutos datos que precisarían más de 50 años de investigación. Existen otras muchas iniciativas de CC que además de interesantes resultan adecuadas para la participación de alumnos escolares (universitarios incluso) o que sirven de apoyo al aprendizaje en distintos ámbitos de la ciencia. Como ejemplo encontramos: “Virtual Atom Smasher”, juego on-line producido por el CERN, con el que puede aprenderse física de partículas al mismo tiempo que se contribuye a la investigación; “Aqua”, desarrollada por la Fundación Ibercivis, permite establecer un mapa indicativo de la concentración de cloro en el agua de consumo humano en las ciudades; o también “Riu.net”, aplicación desarrollada por la Universidad de Barcelona que invita a explorar la naturaleza, al mismo tiempo que se contribuye a evaluar la calidad ecológica de los ríos.
  • : La CC debería convertirse en una práctica conocida y habitual en colegios e institutos, incluyéndose en la planificación del curso escolar como un tipo de actividad para realizar y como refuerzo para el aprendizaje de asignaturas como ciencias naturales, física, química o matemáticas, entre otras posibles. También podrán surgir campañas de CC destinadas a fomentar la concienciación ciudadana en público de todas las edades y asuntos de trascendencia social o económica, como pudiera ser la protección del medioambiente, la eficiencia energética, el cambio climático y/o el cuidado de la salud, por poner algunos ejemplos.
Guillermo Díaz-Herrero

Guillermo Díaz-Herrero

Entrevista a Guillermo Díaz-Herrero como parte de nuestras entrevistas para conocer la visión sobre la Ciencia Ciudadana.